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¿Cuáles son las funciones del traductor jurado?

«¿Qué es una traducción oficial? ¿Ustedes se encargan?»

Son preguntas que nos formulan clientes que, por primera vez, necesitan una traducción realizada por un traductor oficial. Ya tratamos las traducciones juradas  y las apostillas en sendas entradas anteriores, hoy nos ocuparemos de la figura del traductor jurado.

El título de Traductor-Intérprete jurado es otorgado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para realizar una función pública por delegación del Estado como fedatario en nombre propio. Este profesional se encarga de cualquier tipo de documento que precise una traducción que certifique la exactitud y fidelidad del contenido. Sus traducciones tienen carácter oficial y el destinatario de los encargos es la Administración de justicia y otras ramas de la Administración pública. De modo que el traductor-intérprete jurado está habilitado para dar fe pública ante cualquier organismo estatal y, aunque hasta hace poco el título rezaba “Intérprete jurado”, se trabaja más con la traducción que con la interpretación. También los hay que optan por especializarse en alguna de las dos ramas, textos escritos u orales.

traductor jurado, traducción juradaMencionábamos que el nombramiento de Traductor-Intérprete jurado es otorgado por el MAEC, mediante tres vías: Primera y principal a través de un examen, tras la superación de un cierto número de créditos en la licenciatura de Traducción e Interpretación (aunque esta vía desapareció hace unos años) y por convalidación comunitaria (entre profesionales de la Unión Europea).

Entre las competencias de traductor de este fedatario público se cuentan:

  • traducción de textos judiciales que, independientemente de su naturaleza, han de presentarse en distintos tipos de procesos;
  • traducción para notarias, cuando así lo precise el notario;
  • traducción de documentos comerciales: cuentas anuales, contratos, balances, certificados, declaraciones, estatutos, etc.;
  • traducción de documentos oficiales o administrativos: certificados médicos, académicos, civiles u otro origen;
  • funciones de perito.

traductor jurado, traducción juradaLa labor del traductor jurado está regulada por el BOE y entre las normas principales encontramos: la traducción integra de los documentos, sin añadir ni eliminar nada del original, respetar el orden y formato del documento de origen y tender a la fidelidad formal y semántica. A falta de colegio en el que apoyarse algunos autores y asociaciones han ido llenando el hueco y estableciendo criterios de uniformad estilística y normas deontológicas que pueden asistir al traductor. Eso sí, lo que nunca puede fallar en una traducción jurada es la certificación con la firma y sello del traductor jurado, pero ese y otros detalles se cuentan en la entrada mentada al principio.

Finalmente, aun sin colegio, la figura del intérprete jurado tiene una larga historia, de hecho la primera ordenanza española para el nuevo continente, que daba algún tipo de presencia a esta profesión, fue dictada por Felipe II y data del 4 de octubre de 1563. Aquí va, para quien sienta curiosidad:

«Ordenamos y mandamos que en las audiencias haya número de intérpretes, y que antes de ser recibidos juren en forma debida, que usarán su oficio bien y fielmente declarando e interpretando el negocio y pleito que les fuere cometido, clara y abiertamente, sin encubrir ni añadir cosa alguna, diciendo simplemente el hecho, delito o negocio, y testigos que se examinaren, sin ser parciales a ninguna de las partes, ni favorecer más a uno que a otro, y que por ello no llevarán interés alguno más del salario que les fuere tasado y señalado, pena de perjuros, y del daño e interés, y que volverán lo que llevaren con setenas y perdimiento de oficio.» (Los intérpretes jurados, en Sendebar. 1993:263)traductor jurado, traducción jurada

 

La apostilla de la Haya y la traducción jurada

¿Qué es y para qué sirve una apostilla?

La apostilla de la Haya es una certificación que autentifica la firma de los documentos a los cuales va adjunta y que los dota de validez internacional. Sin embargo, la apostilla no autentifica en ningún caso la validez del contenido del documento para el cual se ha expedido, sino que solo certifica que la persona que firma está autorizada y calificada para firmar o sellar el documento en cuestión.

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La apostilla exime de la obligación de legalizar el documento por vía diplomática, pero solo en el caso de que el país emisor del documento se encuentre en la lista de firmantes del XII Convenio de La Haya del 5 de octubre de 1961. En caso contrario, se tendrá que legalizar el documento en la embajada o consulado del país emisor con jurisdicción en el país donde se tiene que presentar.

¿Quién expide la apostilla de la Haya?

La autoridad competente para apostillar en cada caso depende de la naturaleza del documento:

  1. Documentos emitidos por las autoridades judiciales: el secretario de la Sala del Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de la comunidad autónoma correspondiente. En Cataluña: Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, p.º Lluís Companys, 14-16, 08071 Barcelona.
  2. Documentos autorizados notarialmente y documentos cuyas firmas ha legitimado un notario: el decano del Colegio de Notarios respectivo o un miembro de su junta directiva.
  3. Documentos de la Administración Central (los ministerios y sus organismos dependientes): el jefe de la Sección Central de la Subsecretaria del Ministerio de Justicia. El Ministerio de Justicia está ubicado en Madrid, calle San Bernardo, 45, 28015, y la solicitud se puede hacer de forma presencial o por correo.
  4. Documentos públicos del resto de las administraciones (delegaciones y subdelegaciones del Gobierno en cada comunidad autónoma y/o provincia y el resto de las administraciones propias de las comunidades autónomas y las entidades municipales): las autoridades del punto 1 y 2 indistintamente, es decir, el secretario de la Sala del Gobierno del Tribunal Superior de Justicia o el decano del Colegio de Notarios.

Apostillas y traducciones juradas

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El traductor jurado no es el responsable de llevar a cabo las gestiones para obtener la apostilla, sino que es la persona interesada quien tiene que informarse de si es necesario apostillar el documento y recurrir a la autoridad correspondiente para realizar el trámite.

¿Es necesario traducir las apostillas?

Legalmente no es necesario traducir la apostilla, ya que en el artículo 4 del Convenio de la Haya se establece que la apostilla puede estar redactada en la lengua oficial de la autoridad que la expide. Sin embargo, es recomendable traducirla, puesto que podría ser que el funcionario de turno no estuviera al corriente de esto y rechazara la traducción jurada.

¿Tiene que llevar la apostilla de la Haya la traducción jurada?

Lo que aporta validez legal a la traducción jurada son la firma y el sello del traductor, nombrado por la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Además, el traductor tiene que incluir una certificación en la que hace constar que la traducción es completa y fiel al documento original. Por lo tanto, si la traducción se tiene que presentar en España, no es necesario legalizar la firma del traductor.

No obstante, si la traducción se tiene que presentar ante un organismo extranjero, habrá que consultar en cada caso en la embajada o consulado del país correspondiente si la traducción que ha realizado el traductor jurado español es válida por sí misma allí. De lo contrario, se tendrá que legalizar en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

Para más información sobre las apostillas en papel o electrónicas, te puedes dirigir a la página correspondiente del Ministerio de Justicia.


En Ampersand Traducciones tenemos un equipo de traductores jurados de varios idiomas que cumplen con todos los requisitos para realizar traducciones juradas según las directrices del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.